Hace unos días
necesitaba un detergente poderoso para lavar mis pantalones de mezclilla y mis
pants que por lo regular quedan lodosos por el parque a donde voy a correr, el detergente que uso suele ser aromático
pero no muy útil para desmanchar, así que me dispuse a ir al supermercado en
busca de mi detergente ideal.
Llegue al área
de jabones y en el enorme estante había cerca de treinta marcas diferentes en
formas diferentes, en barra, en líquido, en polvo, para ropa suave, para ropa
dura, para ropa blanca, para ropa de color, para ropa azul, para ropa roja, con
olor a rosas, con olor a flores, con olor a mango, con olor a tutti fruti, un
millón de cosas innecesarias en un jabón. Aunque era divertido ya empezaba a
ponerme de mal humor ante tantas opciones.
Obviamente tendría
que leer la mayoría de las brillantes etiquetas para verificar cual de todos
aquellos detergentes se ajustaba mejor a lo que necesitaba, llevaba revisando
algunos detergentes y no me decidía.
El de ropa azul podría funcionar para
mis jeans pero no para mi pants, el de ropa de color funciona para mis pants
pero no para mis jeans, y los dos tenían aroma de limpia pisos de baño de Walmart,
ya fastidiada puse ambos en mi carrito junto con un suavizante de aroma a lavanda
y me quite de problemas, avance unos pasos y al final del pasillo con un aura
resplandeciente una caja naranja chillón llamo mi atención, decía la etiqueta:
“FORTÍN desmancha, limpia eficazmente y desinfecta tu ropa con un suave aroma a
sol”.
Temblando de
emoción tome el detergente y mire a la mujer en la publicidad, estaba sonriente
con un par de jeans limpiecitos en sus manos ¡si si así quería estar yo! Acerque la caja a mi, moría de ganas de
saber a que huele el sol, puse mi nariz en el cartón olfateando un delicado
aroma que me hizo aspirar lentamente ¿así que a eso huele el sol eh? Quien
hubiera pensado cuantas cosas se descubren en una caja de detergente.
Saque del
carrito mis otras opciones y puse una caja de 8 kilos de detergente con olor a
sol feliz por haber encontrado mi detergente correcto.
-¿Queeé?
¿Tanto dinero? Es solo detergente
-Ese es el
precio, hay otros mas baratos en el pasillo de jabones- me dijo amablemente la
cajera
-Déme este, si
vale tanto es por que seguro sirve- dije en un suspiro
No pensaba
regresar a ese pasillo a buscar otro detergente, además sabia que “Fortín” me
ofrecía todo lo que necesitaba, dar
mas de dinero del que planeaba no era un gran pago por encontrar lo que
quería.
Llegue a mi
casa y apenas deje mis llaves colgadas abrí la caja y rocíe el detergente en la
lavadora con mis kilos de jeans y pants ya listos para lavar.
El olor a sol llenaba
el cuarto de lavado, empezaba a ser molesto y me picaba la nariz, después de
estornudar tres veces seguidas cerré la caja y la coloque en el piso junto a la
lavadora, tratando de recordar si el olor a sol había sido tan irritante cuando
lo escogí, recordando que solo lo olí través de la caja ¿a través de la caja?
¿En que diablos estaba pensado? ¿que clase de “delicado” olor pasa a través de
bolsa de plástico sellada y grueso cartón de su empaque? Solo esperaba que con
el agua se atenuara y mis jeans no olieran mas que mi perfume cuando los use.
Me senté
frente la lavadora para “inspeccionar” que todo saliera bien con Fortín,
estornude un par de veces mas (con siete estornudos por vez como es mi
costumbre) por la manguera de la lavadora vi correr el agua sucia hacia el desagüe,
estaba teñida de un azul negroso ¿eso es normal? No quise dudar de Fortín y
decidí pensar que era solo mugre.
La lavadora
dio unos pitidos de terminado, corrí a abrirla sacando mis jeans que estaban
super limpios, mis pants como nuevos sin rastros de manchas de lodo, todo era
perfecto, quizá solo por el olor a sol que aun estaba penetrante, salí a colgar
la ropa esperando que el aire fresco atenuara el olorcito.
Llevaba un
mes con Fortín cuando me di cuenta
que todos mis jeans estaban despintados,
la tela de mis pants parecía mas débil y ni el agua ni el aire ni el
mismo sol atenuaban mucho el olor que aun me hacia estornudar.
Tenía ocho
kilos de detergente ni modo de tirarlos, ya los tenía ahí, puede que con el tiempo me acostumbre
al olor, además limpia muy bien mi ropa y seguro esta desinfectadísima. Con
varios pretextos seguí adelante con Fortín, soportando el olor y lo decolorado
de mis pantalones.
Quince kilos
de detergente después salí a correr con uno de mis desinfectados y despintados
pants, todo iba bien en el parque, como siempre hice un par de sentadillas antes
de correr, cuando de pronto escuche como se desgarraba la tela de la parte
trasera de mi pants, puse mi mano y toque una enorme rotura que estaba desde el
tiro hasta media pierna, en ese momento las risas descaradas de un grupo de
corredores ya estaban tronando por todos lados.
Con la cara
encendida de rojo semáforo me quite la chamarra y la coloque en mi cintura, saliendo del parque lo mas a prisa
que pude, moviéndome con cuidado de que el pants no siguiera rompiéndose pues
ya sentía el aire frío colándose entre mis piernas.
¡Aaahh te odio
Fortín!- le grite diez veces mientras pateaba la caja naranja junto a la
lavadora.
Y Fortín
estaba ahí, indiferente, tranquilo,
ni un poco inmutado de lo que yo hacia, no importa cuanto lo pateara o
si le gritaba miles de insultos, Fortín seguiría teniendo siempre ese horrible
olor a sol que ya detestaba, seguiría haciéndome gastar mas de lo que debía y
sobre todo seguiría siendo implacable con mi ropa desgastándola hasta romperse.
Era ridículo,
yo sabia todo eso desde la primera vez que lo puse en mi ropa y aun así decidí
seguir con él, sabia que no era lo que quería ni necesitaba y aun seguía con
el, tuve la opción de dejarlo y puse pretextos para no hacerlo ¿solo por que no
quería regresar a buscar otro detergente? ¿Solo por que era más fácil seguir
con un detergente que estaba en mi casa? ¿quizá me acostumbre al maltrato que
le daba a mis jeans? ¿o quizá en aquel momento creí necesitar lo que el me ofrecía?
De cualquier modo mi ropa ya esta vieja,
descolorida y desgastada, y aun tengo la opción de tirar el ultimo kilo de Fortín
que me queda antes de que me den ganas ponerlo en mi lavadora de nuevo, antes
de que me que me sienta cómoda teniéndolo de nuevo, antes de que, para no
dejarlo yo ponga pretextos de nuevo.
En ese momento
salí con la caja en mis manos y la tire en el bote de basura de la esquina de
mi casa, lejos de mi, donde no vuelva a tener su indeseable dizque olor a sol,
por que seguramente el sol debe olor muy diferente, solo que quise creerle a
Fortín.
Lo mejor de
esta experiencia es que mis jeans y pants están en la basura junto a
Fortin, ese mismo día salí a
comprarme ropa nueva. Claro que ahora me tomare mas tiempo para escoger el
detergente de mis sueños, que no sea perfecto como se hace pasar, quiero un
detergente honesto que diga lo que tiene y lo que no tiene, con quien me sienta a gusto y sobre todo
que no me destruya mi ropa. Se que tendré que probar con varios detergentes
antes de encontrar el ideal, pero ahora me asegurare de comprar la caja pequeña
y de quitarlo de mi ropa antes de que termine igual que con Fortín.
A menudo
pienso que si todo fuera tan sencillo como cambiar de detergente la vida seguro
seria mucho menos compleja, y tal vez pueda serlo, creo que la única forma de
no equivocarme en mis elecciones es precisamente así, eligiendo, si me apresuro
o me dejo llevar por quien me ofrece hasta el olor al sol seguro terminare
desilusionada y con una parte de mi destruida, pero de igual forma creo que
tengo que equivocarme de vez en cuando, caerte de la bicicleta es parte de
aprender a andar en ella, lo principal es darme cuanta que estoy haciendo mal
para que pueda corregirlo en mis próximas experiencias.
Se que hay decisiones
que he tenido que hacer que han cambiado mi vida completamente, decisiones que
pudieron ser mas minuciosas, mas detenidas o menos entercadas.
Lo bueno de la
vida es que te da la oportunidad de seguir eligiendo, no siempre pero si la mayoría
de las veces, hoy elijo aprender de mis malas elecciones, quizá la próxima vez sepa escoger el mejor detergente.
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