En cuanto acaba la ceremonia, nos llevan
dentro del Edificio de Justicia, los agentes de la paz me conducen hasta una
pequeña sala. Antes de ir al tren
que los llevara al Capitolio a los tributos se les concede un momento privado
con familiares y amigos para despedirse, supongo que este será el lugar para
decir adiós a todos.
Voy hacia la ventana, ojala estuviera abierta por que
siento que aun me falta el aire, me prometo guardar la calma para cuando entre
mamá, no se como pueda reaccionar. Pasan los minutos y empiezo a dudar que
alguien venga, tal vez mi madre se niega a despedirse de mi, no me sorprendería
que no viniera. Con los dedos arranco pedacitos de pintura del alfil de la
ventana pensando en que decirle a papá, a mis hermanos, a mis amigos, si es que
aparecen en algún momento. Desprendo un pedazo de madera de la ventana cuando
se abre la puerta, veo a mi padre
entrar buscándome con los ojos, traga saliva y me abraza fuertemente, no
necesitamos decir nada hasta la voz de mi madre interrumpe nuestro abrazo –Por
fin el Distrito 12 tendrá un ganador- me sorprenden sus palabras y estoy apunto
de agradecerle cuando termina la frase –esa chica si es una superviviente-.
Se que es verdad lo que dice y aun así me hiere su
comentario, mi padre le lanza una fría mirada, ella se gira hacia la ventana
evitándonos.
-Estarás bien Peeta, haz todo lo que puedas- me dice
mi padre
-es que yo… con ella aquí… yo no puedo… yo…- mi padre
sabe que hablo de Katniss, me conoce mejor que nadie.
-Entonces no lo hagas hijo, pase lo que pase nunca
dejes de ser quien eres-
Él sabe que no volveré, igual que lo sabe mi madre,
igual que yo. Asiento con la cabeza, se que tiene razón, si esto es el final,
entonces será a mi manera no a la de ellos, el Capitolio.
Papá saca un paquete de galletas, de esas que le
gusta hornear, de esas que me gusta decorar, las coloca en mis manos –Estoy orgulloso de ti hijo- me dice
con la voz cortada.
Entran los agentes de paz pidiendo que salgan, se que
esta es la ultima oportunidad con mi madre, en el ultimo segundo tomo su mano,
esta helada y tiembla como una hoja, sus ojos azules se detienen en los míos –te
quiero mamá- es todo lo que le puedo decir antes de que los saquen de la
habitación, ya no puedo contener las lagrimas, repito las palabras de mi padre
suspirando con fuerza.
Pronto entran mis hermanos, solo les han dado unos
minutos.
-Recuerda tomar el cuchillo con firmeza, con el
pulgar apoyado en la base ¿lo recuerdas?- dice mi hermano mayor, dándome mas
indicaciones de como utilizar el arma. Lo escucho pero observo a mi otro
hermano que tiene la cabeza agachada, me dirijo a él.
-estoy bien, de verdad
-lo siento Peeta, no sabia que hacer- me dice
llorando
-no tenias que hacer nada, esta es la suerte que me
toco, talvez no sea tan malo… por fin podré hablar con Katniss- le digo animándolo,
me devuelve una sonrisa triste y nos abrazamos los tres, me seco los ojos una
vez mas cuando salen.
Dos de mis amigos del colegio esperan para hablar
conmigo, se ven consternados, aunque saben que todos estamos propensos a estar
a Los Juegos nunca esperas que sea una persona cercana a ti, me dicen que solo
pudieron entrar ellos pero que todos los chicos del grupo me mandan su afecto. Los agentes de paz les piden que se
marchen y me quedo solo, con los recuerdos de los que dejo atrás.
Me encuentro de nuevo junto a Katniss en el auto que
nos conduce a la estación, al salir, cientos de luces de las cámaras chocan en
mi cara hasta que entramos al tren que avanza en cuanto las puertas se cierran.
Cada vez que iba a la estación entraba en el vagón
del viejo ferrocarril carbonero en el que llegaban los costales de harina,
imaginaba que se sentiría viajar en él, claro que aquel tren estaba sucio de
hollín y su andar es perezoso. Aquí todo es comodidad y lujo como en el
Capitolio, por supuesto este es un tren de alta tecnología con una velocidad que
desaparece el paisaje de las ventanas convirtiéndolo en un borrón de colores.
Effie me muestra la habitación en la que
dormiré, llegaremos mañana a medio día. La cena será servida en una hora en el
comedor y debo estar ahí, mientras tanto puedo hacer lo que me plazca, solo me
place estar en mi casa en esto momento, así que abro las galletas que me dio mi
padre y absorbo todo el aroma que puedo inhalar, me llevo una a la boca degustando el sabor de mi hogar.
Me recuesto en la cama, es suave, se
amolda perfectamente a mi cuerpo, cierro los ojos recordando esta mañana en la panadería
cuando horneaba bollos de miel esperanzado en ver a la inalcanzable Katniss, y ahora
que ella esta en una habitación contigua a la mía la siento mas lejos que nunca.
Un empleado del tren ha tocado a mi
puerta recordándome la cena, no tenia que hacerlo, mi estomago ha empezado a
rugir y pronto hubiera ido a buscar alimento. Entro en el lujoso comedor que
tiene una mesa fuerte de madera oscura, recuerdo vagamente escuchar a Effie
decir que era de caoba, debe ser una madera fina, seguramente que si puesto que
nunca la he visto, sobre ella están dispuestos cuatro lugares, dos están en
cada extremo y dos juntos en un lateral, decido tomar el asiento que tiene una
silla a un lado, de cualquier manera tengo que acostumbrarme a tener a Katniss
cerca, además si se presenta Haymitch seguramente Effie agradecerá tenerlo al
otro lado de la mesa.
Espero paciente admirando el brillo de
una cuchara plateada cuando entra Effie acompañando a Katniss que trae puesto
un conjunto verde obscuro que le resalta el gris de sus ojos, evito mirarla por
que me da miedo que pueda escuchar mis latidos así que me concentro en la
increíble comida que nos sirven.
Ha sido un pésimo día, pero sinceramente las chuletas de cordero y la
tarta de chocolate han mejorado mi humor, nunca antes había probado un sabor
igual, así que lleno mi plato una y otra vez.
A media cena Effie menciona los
horribles modales al comer de los tributos del año pasado, entiendo por que a
esos dos chicos lánguidos no se molestaban en usar cubiertos en la mesa, es obvio que esta mujer nunca ha pasado
hambre, me molesta su comentario tanto como a Katniss que termina de comer la
cena con los dedos apropósito, disimulo una sonrisa, esta chica es fuerte en
todos sentidos.
Me reclino hacia el respaldo del asiento
por que no aguanto ni un bocado mas, entre la comida y el movimiento del tren
estoy empezando a tener nauseas, veo a Katniss de reojo que ha terminado con su
cuarto plato, no se ve cómoda, creo que para una primera cena del Capitolio ha
sido suficiente.
Effie nos lleva a una sala de televisión
donde vemos el programa especial de la Cosecha, que es básicamente un resumen
de lo que paso hoy en los doce distritos, veremos a los nuevos tributos de
Panem ser elegidos. Como siempre en los dos primeros distritos están los
profesionales que no pueden esperar para ser voluntarios, en los siguientes
algunos chicos se ven fuertes pero no es comparado con el numero de niños
desnutridos que suben asustados al escenario. Poco a poco se llega hasta el 12,
vemos las imágenes de Prim siendo elegida, de Katniss presentándose voluntaria, el público con su honrosa
despedida, la caída de Haymitch, a mi siendo elegido, los tributos dándose la
mano, todo desde la lejana y entretenida visión del Capitolio.
-Su
mentor tiene mucho que aprender sobre la presentación y el comportamiento en la
televisión- dice Effie con una mueca en la cara, la misma que uso al referirse
a los tributos pasados en la mesa. En La Cosecha Haymicht evidentemente estaba
fuera de si por el alcohol y aun así parece mas cuerdo en sus reacciones que los
demás presentes, lo que gritó directo a las cámaras fue eliminado del programa que
acabamos de ver, meterse con el Capitolio trae consecuencias graves, quiero
quitar importancia a sus palabras por si Effie tiene que explicar sobre lo
sucedido.
-Estaba borracho- respondo
entre risas -Se emborracha todos los años.
-Todos los días- añade
Katniss con una sonrisa, apoyando lo que intento hacer.
-Sí, qué raro que les parezca
tan divertido a los dos. Ya saben que su mentor es el contacto con el mundo
exterior en estos juegos, el que los aconsejará, les conseguirá patrocinadores
y organizará la entrega de cualquier regalo. ¡Haymitch puede suponer la
diferencia entre la vida y la muerte!
La puerta del compartimento se
abre de golpe, como si lo hubiesen llamado entra Haymitch sosteniéndose de la
pared.
-¿Me he perdido la cena? –pregunta
dando un paso vomita el alcohol que se ha bebido en el día para después caer
sobre él. Effie lo mira con asco -¡Sigan riéndose!- nos grita indignada, sin
mas sale del vagón taconeando.