Muchas veces he perdido las llaves, son las únicas que tengo así que corro buscándolas desesperadamente, algunas veces aparecen donde siempre las dejo, como en el fondo de mi bolso o sobre el buró de mi habitación, otras veces aparecen donde nunca me imagino, como en el plato de mi perro o dentro el refrigerador, nunca las he perdido perpetuamente pues siempre estoy decidida a encontrarlas una y otra vez.
He perdido muchas veces cosas que puedo encontrar fácilmente con una llamada, como mi teléfono.
A veces pierdo cosas que me fastidia perder, como mi identificación .
Algunas otras he perdido cosas remplazables, como el dinero.
Hay cosas que no me importa perder como el control del televisor, pero hay otras que si me interesa perder, como algunos contactos del Hotmail.
Sonrío como tonta cuando me pierdo buscando una dirección, y sonrío como idiota cuando me pierdo por amor.
Hay cosas que creí divertidas de perder y que recuerdo perfectamente donde las deje, como la virginidad.
Pero hay otras cosas me propuse no perder, sin darme cuenta que ya las había perdido, como la inocencia.
Algunas cosas no me inquieta perder, hasta que me doy cuenta que están perdidas, como el tiempo. Y otras cosas me desespera perder cuando aún las tengo, como la juventud.
Me gusta cuando pierdo kilitos de mas y me gusta mucho mas perder la cabeza de felicidad.
Hay cosas útiles que no me gusta perder como el cargador de mi celular, y hay cosas inútiles que menos me gusta perder como mis aretes.
Las monedas de diez centavos me da exactamente igual perderlas, por que nunca se acaban de perder, siempre hay mas de ellas. Pero hay otras cosas fáciles de perder y tan difíciles de recuperar que a veces se acaban perdiendo por completo, como la confianza.
Muchas veces leo las noticias y me pierdo en la incertidumbre, entonces, veo la sonrisa de mis hijos y me pierdo en la esperanza.
Misteriosamente siempre pierdo mis calcetines, solo uno de ellos, nunca el par completo, casi como mis sueños, pierdo uno pero siempre hay otro consolándome.
Decepcionada creí haber perdido amigos, afortunadamente aprendí que los amigos nunca se pierden.
Pocas veces he perdido algo que me duele tanto perder que estoy segura que una parte de mi se perdio con ellas, como mi padre.
Algunas veces siento que mi alma ya no puede resistir, y entonces me dejo perder en la Fe, corro buscándome desesperada, algunas veces aparezco donde me quede, como debajo de mi cama con la luz apagada, otras veces aparezco donde nunca me lo imagino, como logrando una meta que alguna vez me propuse, nunca me he perdido perpetuamente pues siempre estoy decidida a encontrarme una y otra vez.
P-e-r-d-e-r. Pequeña, sencilla e inmensa palabra a la que por fortuna siempre le encuentro muchos antónimos.
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