Hace un tiempo que me rondaba por la cabeza escribir un fanfic de este genial libro, y por fin lo aterrizo en papel, es la misma historia pero desde la perspectiva de Peeta.
Cada semana subiré un capitulo, aquí les dejo el primero:
-1-
Cuando miro por la ventana, todo esta oscuro afuera, ni
siquiera se ven las hojas del manzano que tienen un verde radiante con la luz,
el sol no ha salido, debe ser temprano todavía. Papá acaba de revisar la
masa, esta lista para cortar. Hoy prepararemos bollos de miel, son unos
pequeños pancitos que como su nombre lo indica se endulzan con miel en lugar de
azúcar, son esponjosos y tan suaves que parecen derretirse en cada mordida. Son
mas caros que los panes que usualmente hacemos, pero hoy es día de La Cosecha,
supongo que papá quiere subirle el animo de todos, o solo lo hace por mamá, son
sus favoritos. Ella sigue en la cama, seguramente se ha pasado la noche sin
dormir como siempre en esta fecha. Mis hermanos y yo nos esforzamos por no
hacer ruido, sabemos que la pasa realmente mal.
-Peeta-
me llama mi padre – termina los bollos de miel, voy a preparar el relleno de
las tartas de manzana.
-¿Haremos
tartas de manzana también?- pregunta mi hermano mayor mientras los tres
observamos atentos a mi padre.
-Si,
también- responde mientras saca un tazón de la estantería.
Trato
de distraerme en otra cosa antes de que mi mente empiece especular sobre lo que
pasara hoy, así que tomo la masa con mis dedos, es dócil y elástica, comienzo a
amasarla y dividirla en pequeñas bolas que caben en la palma de mi mano,
jugueteo un poco con ella antes de ponerlas en la charola, les doy formas
distintas como ojos o letras, esta es una de las cosas que mas me gustan de
hacer pan, puedes darle la forma que quieras, me recuerda a esos pasteles de
lodo que hacia cuando era pequeño en el patio de atrás en los días de lluvia,
me divierte. Termino de moldear la masa, la tapo con un paño húmedo y la dejo
reposar.
Me acerco a mi padre, que esta acabando de
partir las manzanas, me gusta la manera en que mueve las manos, aunque son
gruesas hacen todo con rapidez y precisión, toma un puño de harina y la
espolvorea entre sus dedos sobre la pasta de tarta, ama su trabajo, quizá por
eso su pan siempre tenga un sabor especial, la gente se lo alaba todo el
tiempo.
Es un hombre noble, que siempre intenta ver el lado positivo
de las cosas, al contrario de mi madre. Pero hoy eso es realmente difícil hasta
para él, con los Juegos del Hambre ensuciando el ambiente del Distrito 12, no
es que este lugar sea una fiesta los demás días, entre tantas carencias e
injusticias no es fácil estar feliz, pero por lo menos el miedo no es latente.
Sacudo
la cabeza despejando mis pensamientos otra vez.
Los
bollos han alcanzado el tamaño suficiente para meterlos al horno, miro el reloj
calculando, aunque no es necesario, lo sabría solo por el delicioso olor que
expiden cuando están listos.
Ayudo
a mis hermanos llevando las charolas hacia la panadería que esta en la parte de
enfrente, coloco un mantel a cuadros rojo y blanco en cada canasta, acomodamos
el pan adentro, me dirijo a la puerta de entrada, volteo el letrero de
“ABIERTO”, veo por el cristal que afuera ya esta claro, pero el sol sigue sin
aparecer.
Un
dulce aroma me hace agua la boca, me apresuro hacia el horno, meto la pala para
sacar la charola cuando mi hermano mayor abre la puerta de la cocina y
dice -ardillas- de inmediato se que significa eso, mi corazón se
agita tanto que lo siento golpearme el pecho con fuerza, las manos me sudan, la
charola caliente se ladea en la pala que se me ha resbalado por un segundo, en
un movimiento rápido la equilibro colocándola en la mesa y siento el calor quemante
en el costado de mi mano por tocar la orilla del horno, esta muy roja y ya ha
comenzado a arderme, mi hermano que ha observado todo el malabarismo se ríe con
ganas.
-Tranquilo
Peeta, ella no viene - me dice entre risas - solo su novio.
-Dile
al chico que por aquí- dice mi padre abriendo la puerta posterior de la cocina,
me dedica una mirada- ¿estas bien?- yo asiento con la cabeza, revisa mi mano y
me da un frasco de pomada que tenemos en la estantería para ocasiones como
estas, es viscosa, de color café y huele a madera - ponte esto- me indica.
En
ese momento llega a la puerta un joven alto, es de la edad de mi hermano, lo se
por que van en el mismo curso en la escuela, tiene el cabello oscuro y los ojos
grises, como los de ella, Katniss. La chica del que he estado
enamorado desde que tenia cinco años, la chica que es capaz de salir del
Distrito 12, de meterse en el peligroso bosque para cazar conejos, pavos y
ardillas, es la chica que cuando canta las aves se detienen a escucharla, la
chica que cuida protectoramente de su hermanita, la chica que de hermosos ojos
que no sabe que existo.
Me
acerco a la puerta mirando detrás él, mi hermano tenia razón, ella no esta.
Decepcionado regreso a mi mano, coloco la pomada presionando mas fuerte de lo
que debería, se que es tonto, pero tengo celos de este chico. A diario
los veo juntos, por las mañanas o por las tardes, van por ahí repartiendo sus
presas a los compradores, caminando, hablando, a ella le he visto una pequeña
sonrisa solo dos veces y han sido para él. Tengo la esperanza de que el
parecido físico sea lo único que comparten, que sean parientes y no como mis
hermanos piensan, novios. Nunca los he visto darse un beso, o tomados de la
mano, ni siquiera demasiado cerca, pero hay algo en la manera en que este chico
trata Katniss que hace que me duela el estomago.
-¿que
hay muchacho?- pregunta mi padre amablemente
-solo
una ardilla señor- contesta levantando al animal muerto en su mano.
Mi
padre arranca un trozo de papel con el que envolvemos el pan y toma uno de los
bollos de miel que acabo de sacar del horno.
-Toma-
le da el pan caliente mientras recibe la ardilla
-¿este…este
pan?- pregunta el chico asombrado, mi padre asienta, le da una sonrisa sutil y
le desea buena suerte. El chico inclina la cabeza como agradecimiento y se va a
grandes zancadas, se ve contento.
Eso es lo que digo de mi padre, sabe el sentir de todos en
este día, quiere ayudar a los demás a subir los ánimos con lo que mejor hace,
pan.
Papá coloca la ardilla sobre el fregadero, se que Katniss no
la cazó por que está tiene un feo agujero a medio cuerpo, los tiros de ella son
limpios, siempre en los diminutos ojos de las ardillas. Papá comienza a
freírla y yo me niego a comerla.
La mañana avanza, el sol esta brillando en lo alto, en la
panadería la gente que ha venido se emociona con las tartas y los bollos,
aunque tienen poco dinero, este día se permiten comprar buen pan, ya sea para
la cena festejando su buena suerte de estar a salvo de los Juegos, o en el
desayuno antes de La Cosecha, por que quizá sea la ultima comida que compartan
con sus hijos. Se me hace un nudo la garganta por que nosotros estamos en esa
misma posición, como todos los chicos del Distrito 12, como todos los chicos de
los distritos de Panem.
Escucho
pasos en la casa, mamá se ha levantado, grita mi nombre y el de mis hermanos,
subimos, la estufa de carbón esta prendida, ha terminado de planchar las
camisas que usaremos hoy, apenas y dice nada, nos señala la mesa donde hay tres
humantes tazas de té, una pequeña azucarera esta en el centro. No nos
permitimos tomar azúcar, el costo es elevado y la dejamos para el pan que
vendemos, nos sentamos en silencio a beber en traguitos mientras ella
baja a la panadería, me dispongo a sacar de la alacena el pan duro que sobro de
antier para acompañar con el té, cuando mi madre regresa con una tarta de
manzana, lo coloca en la mesa partiéndola con un cuchillo, se da la vuelta
regresando a la cama sin decir nada. Cualquier otro día seria la primera en
despertar, barriendo y limpiando, gritando a todos que hagamos bien esto o
aquello, pero hoy no. Los recuerdos han podido mas que su carácter.
Cuando
ella tenia diez años su hermana de quince fue seleccionada para ir a los Juegos
del hambre, el primer día en la arena la vio morir a hachazos en las manos de
tributos profesionales. Su hermano de trece era su único amigo en todo el
mundo, y entre ellos se alentaban a ser valientes, pues con la perdida de su
hermana mayor la familia había quedado desmoralizada. Dos
años después cuando ella entro a La Cosecha, escucho el nombre de su hermano
ahora de quince ser seleccionado como tributo.
Su
hermano no se rendía, sobrevivió a las condiciones del clima, a la falta de alimento,
a los salvajes profesionales que lo acechaban, peleo hasta el final, pero no
pudo con las trampas de los Vigilantes, esos hombres que controlan todo en la
arena. Un manada de serpientes mutos lo atacaron mientras dormía escondido
entre las rocas, no pudo escapar. Mi madre dejo de hablar mas de un año, en
cada Cosecha que se presento, temblaba de pies a cabeza con lagrimas en los
ojos, pensando que podía ser ella la siguiente en morir en los Juegos del
Hambre. No fue así, pero Los Juegos la cambiaron para siempre, su carácter se
fue agriando con el tiempo.
Desde
que nació su primer hijo sabia que estaría destinado a estar en La Cosecha
llegando la edad, posiblemente entraría a Los Juegos y lo vería morir como a
sus hermanos. Intento protegerse de aquel sufrimiento alejándose de su primer
hijo, luego del segundo y luego de mi. No puedo culparla, cuando papá nos contó
esto entendí todo sobre ella, se que seria diferente si Los Juegos no la
hubieran marcado así para siempre.
Mi
padre trata de compensar lo que mamá no puede darnos, es amable y cariñoso, nos
enseña todo lo que sabe, sobre hacer pan, sobre el negocio, sobre el Distrito
12, el hambre, el miedo, el amor, y el ayudar a los demás. Me gustaría mucho
ser un padre como él, pero sinceramente la angustia que acecha a mi madre cada
año es la misma que la de cada padre de este país, eso le quita el brillo a
desear tener hijos.
Termino de comer la tarta de manzana chupándome los dedos,
esta exquisita, esta es la manera en la que se que mi madre nos ama.
Miro a mis hermanos ¿podría ser la ultima vez que tengamos un
desayuno juntos? Se que piensan lo mismo por que me observan igual, evadimos el
tema, ya es suficiente con tenerlo en la cabeza todo el tiempo.
La
tarta alivia un poco la sensación de incertidumbre, pero nadie hace las bromas
que siempre nos decimos cuando estamos juntos.
Regresamos
al trabajo, donde me dejan siempre el glaseado de los pasteles, es un excelente
trabajo por que me abstraigo del mundo creando flores y colores que veo en mi
mente.
Han
pasado las horas cuando papá nos recuerda que debemos prepararnos.
Soy
el ultimo en tomar un baño, me visto con pantalones grises y una camisa azul
cielo que se refleja en mis ojos. Estamos ya listos los cinco, cerramos la
panadería y le doy una ultima vista a la vitrina donde descansan a los pasteles
que decore esta mañana.
Nos unimos a la muchedumbre de niños que van a tomar sus
puestos para La Cosecha. Papá me da una palmada en la espalda dándome valor.
Después de esperar en una fila para ser fichado
sigo
a los chicos de mi edad, que se colocan del lado izquierdo de la plaza. Busco a
mi hermano entre los mas grandes y veo entonces al chico cazador, entonces
recuerdo que Katniss esta también aquí. Cierro los ojos y espero con todo mi
corazón que la suerte este de nuestro lado.
El
alcalde se acerca al micrófono, comienza a leer como siempre la historia de
como Panem se creo de las cenizas de un país destruido por los hombres, de los
Días Oscuros, de los Distritos levantándose en armas contra el bondadoso
Capitolio, dando como resultado la destrucción del Distrito 13 y los exitosos
Juegos del Hambre, la mejor forma del Capitolio para demostrar su poder sobre
nosotros y un estupendo entretenimiento para ellos.
Han pasado setenta y cuatro años desde aquella Rebelión, pero
la muerte y el miedo siguen tan frescos como en aquellos días, ese es el
trabajo del Capitolio para con los Distritos, llevándose las cosas que
producimos, matando de hambre a la población, llenando las calles de agentes de
paz, y quitándonos las esperanzas de un futuro diferente con los Juegos del Hambre.
En el momento en que el alcalde termina de hablar, Haymitch
Abernathy aparece en la escena, borracho a mas no poder. Algunas veces ha
venido a la panadería, con el dinero que gana como único vencedor del Distrito
12 puede gastar muchas monedas en comprar el pan que desee, pero en realidad no
es de ahí de donde lo recuerdo; cuando voy a recoger los costales de harina en
la estación del tren lo veo saliendo del Quemador, el mercado negro donde llega
borracho a comprar alcohol, un lujo que muy pocos se pueden dar, llama la
atención, es conocido por eso y claro por salir en la televisión en los Juegos
como mentor de los tributos del Distrito.
Haymitch
ha esta haciendo un espectáculo grotesco en el escenario, intentando abrazar a
la mujer que lleva el pelo de un rosa horrible, Effie Trincket. Ella se zafa
por fin del borracho, camina en el estrado con un sonrisa bien preparada
saludando al publico como cada año:
-¡Felices Juegos
del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre,
siempre
de su lado!
Sigue
con unas cuantas palabras, sin perder tiempo de televisión se acerca a una de
las enormes urnas de cristal, con voz entusiasta grita ¡Las damas
primero! Saca un papelito. Pienso en quien será la desafortunada, con tristeza
repaso en mi mente la cara de todas las chicas del colegio, hasta que, como
siempre me detengo en los brillantes ojos de Katniss, y temo por ella. Effie
Trincket desdobla el papel, se aclara la garganta y lee con voz fuerte:
-¡Primrose
Everdeen!
donde puedo encontrarlo completo?
ResponderEliminarhttp://losjuegosdelhambrefanfic.blogspot.mx/ aqui puedes leer hasta el capitulo 6 que es en el que voy. Saludos.
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